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En la Escuela Normal de Rafaela enseñaba sin filas, campanas, ni rígidos horarios, con la música marcando el tiempo del recreo. La solidaridad era el principio que regía los aprendizajes. Olga implantó clases de teatro, danzas, hasta un coro de pájaros (los chicos los imitaban), aprendían oficios y debatían en asambleas.
Una escuela sin filas ni campanas, ni rígidos horarios, donde la música marcaba el tiempo del recreo, las mejores clases se daban en contacto con la naturaleza y la solidaridad era el principio que regía los aprendizajes. Así aprendían los chicos. Y la prueba piloto comenzó en nuestra ciudad. Fue en 1930, cuando se desempeñaba como regente de la Escuela Normal “Domingo de Oro” de nuestra ciudad, junto a a Amanda Arias -la directora-, su hermana Leticia Cossettini y todo el cuerpo docente, inició la aplicación de los centros de interés y de la Escuela Serena.
El miércoles 23 se cumplieron 25 años del fallecimiento de la educadora que junto a su hermana Leticia y un grupo excepcional de maestras, dio lugar a un proyecto pedagógico tan innovador que todos querían conocerlo. Por eso visitaron sus escuelas y hasta formaron parte de sus clases artistas, educadores y escritores como Alfonsina Storni, Javier Villafañe, Gabriela Mistral, Ezequiel Martínez Estrada, Bernardo Canal Feijóo, Emilio Mira y López, Juan Ramón Jiménez y Margarita Xirgu.
Los chicos, entre 6 y 14 años, aprendían en la escuela con principios de trabajo: “el respeto por los niños, basado en la solidaridad, en el acercamiento a la naturaleza y a su mundo circundante, con la convicción de que sólo se aprende lo que se vive; una escuela de puertas abiertas, que dio libertad a los alumnos para trabajar y a los maestros para desarrollarse”.
¿Qué se hacía en la escuela, en ese proyecto que continuó y afianzó cuando fue directora del colegio Gabriel Carrasco de Rosario? Había clases de teatro, danzas, hasta un coro de pájaros (los chicos los imitaban), aprendían oficios, cómo formar una cooperativa, debatían en asambleas, y hasta tenían su propio periódico escolar. Las salidas por el barrio y paseos por el río eran parte de las tareas cotidianas. Las disciplinas se aprendían con alegría.
Olga guardaba en su casa todo el trabajo desarrollado con los chicos, fotos y los diarios de clases de que registran el proyecto de esta “escuela experimental”. Al poco tiempo de su fallecimiento, su hermana Leticia lo donó para que se forme un archivo que permita mantener vivo este ideal de educación. Así es que en 1988 con estos documentos se crea, en el Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación (Irice), el Archivo Cossettini; y en 2005 es declarado patrimonio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicos y Técnicas (Conicet). Un sitio que vale la pena recorrer en www.irice-conicet.gov.ar/cossettini
La obra de Olga y de su escuela Serena -como se la conocía- era difundida por todo el mundo. Pero como suele suceder, a toda experiencia innovadora le corresponden los burócratas de turno que se ocuparon de ponerles trabas en su oficio, hasta lograr que finalmente el Ministerio de Educación la deje cesante en 1950 (en ese momento a cargo de Raúl Rapella), “por no cumplir con los planes oficiales”.
Olga nació en San Jorge en 1898 y falleció en Rosario el 23 de mayo de 1987. Y según se señala en las “Obras Completas” (Ediciones Amsafé), “inició su carrera docente en Sunchales, adhiriendo a la primera huelga de maestros de la provincia que se cumplió en 1921”. Luego y antes de arribar a Rosario, fue regente de la Escuela Normal de Rafaela. En 1985 fue nombrada ciudadana ilustre de Rosario.
Diario Uno
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